«Un andén de historias» de Mohammed Saíd Hjiouij

Traducción de «Un andén de historias» de Mohammed Saíd Hjiouij, autor marroquí.

Un extra literario en diciembre

Entre las actividades en las que he estado enfrascada en los últimos tiempos, está la traducción de textos literarios del árabe al español. Comencé este camino el año pasado por estas fechas con este texto del autor marroquí Mohammed Saíd Hjiouij. De hecho, presenté como proyecto fin del curso de traducción de la Escuela de Traductores de Toledo un fragmento de su premiada novela Una noche en Tánger (sin traducción al español).

Gracias al permiso concedido por el propio autor para traducir esta historia, llegué a colaborar con la Revista Banipal. Este relato breve me gustó porque consigue transmitir estupendamente la atmósfera en la que transcurre: un andén con cierto toque misterioso a media noche; aunque esta historia es mucho más que eso. Si la ves, verás por qué. Deseo que sirva como primer paso para que se conozca la obra de Mohamed Saíd Hjiouij en español porque, de verdad, que merece la pena.

Si no conoces a este autor marroquí, al que se considera una promesa de la literatura de nuestro país vecino, ganador de la primera edición del premio Isamil Fahd Ismail de 2019, te contaré algunos datos sobre él.

Mohammed Saíd Hjiouij

A parte de que me costó un poquito aprender a transcribir su apellido —Le agradezco mucho la paciencia que tuvo conmigo al respecto—, te contaré, por ejemplo, que nació en Tánger en 1982. Mohammed Saíd Hjiouij tiene una impresionante carrera en el mundo tecnológico y, más concretamente, en el ámbito de la comunicación online. Si quieres conocerla, pincha en el enlace.

En cuanto a su faceta literaria, escribió y publicó su primera historia a los catorce años. No se trataba —según el autor— de una historia original, sino de una suerte de «refrito» de los relatos breves que había ido leyendo hasta aquel momento. De hecho, la publicó sin firmar en el tablón del instituto al que asistía.

Para él, la escritura surgió de forma natural y a consecuencia de ser un ávido lector. Para Mohammed Saíd Hjiouij, la lectura y la escritura son actividades inseparables. No se pueden comprender la una sin la otra. Afirma, tal y como sostenemos en este espacio también, que: «la lectura nos abre las ventanas y las puertas a mundos a los que no podemos acceder de otro modo que no sea a través de la lectura». Así mismo, señala que: «La lectura de una obra, me guste o no me guste, termina por dejar una huella en mí».

Si has pinchado en el enlace anterior, habrás comprobado que Mohamed Saíd Hjiouj es un gran emprendedor. De hecho, entra los muchos proyectos que ha puesto en marcha, está , por ejemplo, la Revista literaria de Tánger (la única publicación de este tipo en Marruecos).

Como soy una curiosa lectora, quise saber qué obras árabes nos recomendaría leer. Así, me sugirió el siguiente listado de obras que comparto contigo:

Le pregunté a Mohammed Saíd Hjiouij por el panorama literario marroquí, señaló que, en su opinión, no existe tal cosa. Sí hay autores que escriben y publican, pero no hay tantos como sería deseable ya que los índices de analfabetismo en Marruecos —al parecer— son muy altos. (He encontrado este artículo (2015) que trata este asunto y donde se explica que 2024 era (es) la fecha marcada para erradicar este problema).

Ahora que ya he hecho las presentaciones, te dejo con el relato breve: Un andén de historias de Mohamed Saíd Hjiouij.


Un andén de historias

De Pexels vía Pixabau

Las diez de la noche. Las diez de la noche y un escalofrío. Las diez de la noche, un escalofrío y la voz de Fairuz. Las diez de la noche. Un escalofrío. La voz de Fairuz llega desde un aparato antiguo de radio que tienen en la cafetería de la estación. Una estación de tren y el mes de diciembre. El frío. La lluvia. La soledad. 

El tren de las diez parte tras descargar las caras pálidas que abandonan el andén deambulando como si la muerte les hubiera alcanzado; unas caras extenuadas que cargan con la tristeza como si hubieran nacido con ella.

Mi tren no llegará hasta las doce. Odio esperar, aunque pasaré dos horas aquí. Tal vez, y porque odio esperar, será que tendré que estar aquí horas antes de que llegue el momento de marchar. Esperar en un andén frío siempre es mejor que quedarse en un sofá frente a un televisor que vomita las desgracias de cada uno de los rincones de este mundo. 

La voz de Fairuz, cargada de nostalgia, se mete en mi cuerpo provocándome un letargo repentino; una relajación que me ata al lugar donde estoy sentado y me cierra los ojos. Rendido al torrente de ideas, escribo en mi imaginación una historia breve que gira en torno al andén de la estación de tren: la historia de un niño que tropieza y se cae, en un descuido de los otros, convirtiéndose en alimento para las ruedas del tren. 

Son las once de la noche. Los párpados me pesan por el sueño.

Me percato de que mis ideas fluyen hacia los pasajeros que están descansando en sus asientos. El frescor del banco de piedra comienza a adormeceme la columna. El sonido de un trueno comienza su interpretación en el cielo. La estación de tren empieza a llenarse de gente y la cafetería ya casi está abarrotada. En ese momento, la voz de Fairuz y el sonido de las gotas de lluvia al caer en el suelo se desvanecen entre los parloteos de los viajeros. Los rostros anhelan algo parecido a la calidez, la penumbra lo ha invadido todo; las risas no cesan…

Me levanto del lugar en el que estaba sentado y salgo al andén, percibo el olor fresco de la lluvia. Las gotas mojan mi cara y me invade una especie de éxtasis mezclado con una pizca de tristeza y alivio. Recuerdo el poema Un canto de lluvia de al-Sayyab. Cada una de las veces que la lluvia cae sobre mí, recuerdo este canto; el hambre, la pobreza, a los desgraciados y a los oprimidos. También viene a mi cabeza Shmoun Dunkur de la novela El rompecabezas de Edmond Omrán El Máleh de Mohammed Said Hjiouij. Concretamente, recuerdo ese momento en el que él recitaba el poema desde lo más profundo de su ser para su amigo Omrán Máleh siempre que caía la lluvia sobre ellos en París. Shimon comenzaba a declamar el poema acompañándolo con movimientos tristes que casi parecían convertirse en una extraña danza de duelo. Se volvía ligero, como si flotara en el aire, y decía: “ Tus ojos son un bosque de palmeras al alba; o dos almenas de las que se va alejando la luna”. Su amigo Omrán no podía evitar que sus lágrimas se derramaran cuando llegaba a ese momento del poema en que dice: “como el mar sobre el que la tarde extiende sus manos, llevando el calor del invierno, el temblor del otoño, la muerte, el nacimiento, la oscuridad, la luz. Despiertan todo mi espíritu el temblor del llanto (…)” Todo el cuerpo de Omrán temblaba y tiritaba en el preciso instante en el que Shimon golpeaba el suelo con su pie al tiempo que recitaba el estribillo del poema: “lluvia, lluvia, lluvia”  Las preguntas más estremecedoras se quedaban suspendidas en el aire: “¿Sabes qué tristeza suscita la lluvia?, lo que hería tanto a Omrán como a Shimon, ya que acudían a ellos todos los recuerdos de la muerte y el exilio: ¡Cuántas lágrimas derramamos la noche de la partida! Después se distraían por temor a hacerse reproches, con la lluvia…Lluvia…Lluvia…

Sobre el andén, el suelo duro y firme, frío y mojado, se amontonan los cuerpos de los desposeídos, los sin hogar. Cuerpos que tienen la inocencia de los pajaritos abatidos por el frío y la pobreza. Cuerpos que se buscan y se acurrucan unos con otros para abrigarse con el calor que ofrece la falta de un techo que les cobije. 

El pitido del tren se oye a lo lejos dejando a su paso el aire frío 

Uno de los guardias de seguridad de la estación sale al andén, se estira y mueve los pies agarrotados por haber pasado largo rato sentado. Ve los cuerpos amontonados a su alrededor y, entonces, se apodera de él un deseo sádico de patearlos. La humillación y la derrota se apoderan de esos cuerpos famélicos. Entonces, sus lenguas comienzan a lanzarle todos los insultos y maldiciones que son capaces de recordar. El enfado hace que el guardia imponga su autoridad. Comienza la persecución. Los niños corren por el andén mojado y resbaladizo mientras el policía los persigue fuera de sí. 

El pie de uno de los niños se resbala, intenta agarrarse a la ropa de uno de sus amigos. Ambos caen juntos a las vías del tren. 

Ninguno de los presentes, pendientes de la persecución, se percata del sonido del pitido del tren que ya está muy cerca; quizá más de lo que debería. Ninguno de los presentes escucha el sonido del frenazo desesperado para parar las ruedas del tren. Ninguno de los presentes ha podido alertar antes de que las ruedas del tren iba a atropellar a los dos cuerpos de aquellos pequeños que apenas habían comenzado a vivir. 

El estupor se apodera de todos. El nerviosismo hace brillar una lágrima. Todos boquiabiertos por la sorpresa. Caras aturdidas. Los cuerpos tiemblan de miedo. El reloj de la estación marca la medianoche. 

Las doce de la noche. El silencio se instala en la estación. Abrí los ojos y me levanté rápidamente para subirme en el tren. Tras de mí, volvía a sonar la voz de Fairuz de nuevo, había llegado puntualmente a la media noche. 


Nota: La traducción de los fragmentos de Canto a la lluvia de Badr Shakr As-Sayyab están extraídos de la traducción de Carolina Fraile publicada en Poesía Árabe. Aquí se puede leer el poema al completo.


Sus obras publicadas

El rompecabezas de Edmond El-Omrán El-Maleh (sin traducir al español) (2020). Es una obra a través de la que he conocido un poco a la comunidad judía marroquí y un hecho que desconocía acerca del barco Egoz (Piscis) que se fletó en 1961 para llevar a judíos marroquíes clandestinamente a Israel. Por cierto, Edmond Omrán el-Maleh es un escritor marroquí al que he conocido a través de esta obra.

Kafka en Tánger (AR) (2019)

Una noche en Tánger (AR) (2021) Con esta novela breve, Mohammed Saíd Hjiouij ganó el premio inaugural Fahd Ismail Fahd de 2019. Publicado en la editorial libanesa Dar Al-Aain.

Portada cortesía de Mohammed Saíd Hjioij

En palabras del escritor egipcio Tariq Imam: «Se trata de una novela de carácter experimental, ya que se puede extrapolar Tánger, una ciudad confundida a la búsqueda de una identidad, a unos personajes que encarnan esa alienación; desde Hamida a Yawad a Karim o Idrís, ya que, tal y como les ocurre a los personajes de Franz Kafka o Isaac Newton no encuentran su lugar salvo en esta realidad narrativa. (…) En el corazón de todo esto, hay una narrativa metatextual que oscila entre la ilusión y la desilusión».


PD: Desconozco si los traductores dedican su trabajo tal y como lo hacen los autores, pero yo quiero hacerlo. Esto va por Yuns 🙂


Si te ha gustado esta historia, Mohammed Saíd Hjiouij y yo te agradeceríamos mil que la compartieras para que se conozca el trabajo de este este estupendo escritor marroquí.

Para bichear:

Autor: Separata árabe

Interesada en el mundo árabe y lo que allí se cuece. La mitad de mi corazón está en Marruecos y una pequeña parte en Túnez. Me encanta la literatura árabe y me gustaría que se conociera y se leyera más. ¿Crees que lo conseguiré?

3 opiniones en “«Un andén de historias» de Mohammed Saíd Hjiouij”

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Me llamo Thais Pintor y soy salmantina, ahora afincada en Túnez. Estudiar árabe en España fue "fácil". Ahora comienza la nueva aventura: vivir en árabe.

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