El feminismo sin adjetivos: ‘Siempre han hablado por nosotras’, de Najat El Hachmi

Por Silvia Rubio Taberné

@Silvia84

Cuando digo feminismo, cuando digo libertad, me refiero a vivir sin que me releguen a un segundo plano, sin que mi existencia, mi opinión, mi placer y mi dolor valgan menos que la existencia, la opinión, el placer y el dolor de mis hermanos hombres.

Najat el Hachmi

“Cuando digo feminismo, cuando digo libertad, me refiero a vivir sin que me releguen a un segundo plano, sin que mi existencia, mi opinión, mi placer y mi dolor valgan menos que la existencia, la opinión, el placer y el dolor de mis hermanos hombres”. Con estas palabras comienza el alegato de Siempre han hablado por nosotras, unas palabras que de lógicas, en esta época de posverdad, se les buscan dobles sentidos y mil ‘peros’, más si quien las escribe es una hija de emigrantes marroquíes.

Najat El Hachmi se aleja de la literatura a la que nos tenía acostumbradas a sus lectoras para escribir este breve ensayo sencillo, directo… muy directo, un bofetón, en realidad. Siempre han hablado por nosotras sigue la estela de otras grandes feministas como Huda Shaarawi, Nawal el Saadawi, Wassyla Tamzali o Mona Eltahawy, pero también de Rosa Luxemburgo o Mary Wollstonecraft. Su feminismo es universal y sus influencias no se cierran a fronteras de ningún tipo: la búsqueda de la igualdad es la misma para una mujer en España o en Marruecos.

Su feminismo es universal y sus influencias no se cierran a fronteras de ningún tipo: la búsqueda de la igualdad es la misma para una mujer en España o en Marruecos.

La diferencia principal con todas ellas es que El Hachmi parte de su propia vivencia para interpelar a las mujeres de familias emigradas en Europa, así como a las nuevas conversas a las que recomiendo una lectura sincera y sosegada para contestar a las preguntas que plantea el libro. De todos los temas tratados, caben destacar algunos puntos, trending topic últimamente. 

La autora dedica capítulos al llamado feminismo islámico y, enlazado a ello, la crítica de moda del colonialismo blanco, a saber, “las blancas te dicen como pensar”. Hachmi no se anda con rodeos: “Según esta corriente, hay un feminismo llamado blanco occidental, que más que una propuesta de emancipación es un instrumento de dominación colonial. Tras años de lucha contra el racismo biologicista que sentó las bases de las diferencias raciales, resulta que ahora se nos vuelve a colocar en compartimentos separados por vía del activismo anticolonial: si eres negra aquí; si eres musulmana, para allá; si eres blanca más vale que te calles porque eres una privilegiada”.

Si a este racismo subyacente que niega un feminismo sin adjetivos le añadimos una mirada estanca y plana del mundo árabe, nos podemos preguntar dónde encajan todas aquellas mujeres musulmanas cuya fe no concuerda con los planteamientos de las llamadas feministas islámicas o de aquellas que han decidido que su vida no gire alrededor del islam o de la manipulación de un patriarcado que se autodefine como feminista… siempre y cuando no saques los pies de su tiesto.

¿Por qué somos capaces de plantear dudas, de hablar sin tapujos, sobre el catolicismo y nos mostramos acríticos contra el islam (o el judaísmo)?

Pero también es una interpelación a los que no somos musulmanes, a esos europeos de extrema derecha a la que le importa un comino la situación de estas mujeres con tal de crear odio y ganar votos. Y de esa izquierda que en nombre de la relatividad cultural caen en la condescendencia, cuando no en el cinismo. ¿Por qué somos capaces de plantear dudas, de hablar sin tapujos, sobre el catolicismo y nos mostramos acríticos contra el islam (o el judaísmo)?

Quien espere en esta obra un alegato violento para arrancar velos o quemar textos sagrados por las calles se equivoca. Lea el libro. En él hay hueco para hablar de la correcta moral de una “religión feminista” cuyos creyentes a la mínima juzgan a las mujeres como caramelos. Se dirige también a aquellas jóvenes que tienen que llevar el peso de ser estandarte de una religión y hacer lucha de dos causas que son diferentes: el racismo y el machismo; toca el velo, toca la confusión entre identidad y ciertas lecturas religiosas, toca la tradición, toca el buenismo cobarde de unos y la manipulación que genera odio por otros, y toca las narices a los que en algún momento nos vemos reflejadas en sus páginas. Porque reconozco que yo también no he preguntado por temor a ofender. Este libro es una invitación a la reflexión en tiempo de eslóganes vacíos. Y se agradece.