Kalimmat, un diccionario de árabe en línea diferente

Me ha llamado mucho la atención este diccionario de árabe en línea llamado Kalimmat, además, rápidamente me ha venido a la cabeza Anís del moro. A ver qué le parece a él este tipo de diccionario.

¿Por qué me ha llamado la atención?

Porque una de las primeras tareas que te enseñan cuando aprendes árabe es buscar en el diccionario ya que es una de las primeras herramientas con la que te haces para aprender el idioma. Al fin y al cabo, lo necesitas para ir adquiriendo el nuevo lexicón que vas a instalarte en el cerebro. Tendría que reflexionar un poco sobre el papel que juega el diccionario en el proceso de enseñanza/aprendizaje de un idioma, y concretamente en el del árabe. Aunque ya se sabe que lo puedo hacer solo desde mi experiencia que, por supuesto, no es extensible al resto de personas que pueblan este planeta.

Sea como fuera, el diccionario de árabe-español fue una de las primeras obras de consulta que adquirí cuando empecé la carrera. La cuestión es que el volumen de estos diccionario no es, precisamente, adecuado para llevarlo en el bolsillo (ja,ja,ja). Más bien, todo lo contrario. A no ser que quieras llegar a casa hecha polvo después de cargarlo durante todo el día.

Captura de pantalla tomada de la página del diccionario

La cuestión es que en la actualidad es menos necesario tener uno en papel a la mano. No hay nada más el número de páginas que te permiten resolver dudas lingüísticas. Volviendo a mis tiempos de recién llegada a la carrera de filología árabe, corrí a comprarme el Corriente y el Cortés. El primero llegó a mis manos con un defecto: tiene hojas en blanco. Por desgracia, lo descubrí tarde. (Lección, hojea siempre la obra que vayas adquirir por si tiene alguna tara. Los diccionarios de árabe no son precisamente baratos). Luego, me compré el Cortés que he usado más porque me sentía más cómoda con él.

Cuento todo esto porque el uso del diccionario árabe-español hay que aprenderlo/enseñarlo. Esto es, tú vienes con tu experiencia de buscar en el diccionario español y, obviamente, quieres trasladar esta capacidad a la L2. Lo especifico porque importa. Las habilidades que hemos adquirido en nuestros años de estudios las transferimos y usamos en el aprendizaje de la L2, sea esta cual sea.

Los españoles buscamos las palabras en estas obras de consulta por orden alfabético. Así que, ¿qué crees que pretendes hacer antes estos dos diccionarios de árabe? Pues buscar la palabra del mismo modo. ¿Qué ocurre si te encuentras con un participio de pasado en árabe? (a lo mejor, no es este el mejor ejemplo pero espero que sirva). Pues que si tiras de esta costumbre, no la encontrarás debido a que las entradas del diccionario están organizadas por raíces. Así que, si quieres conocer el significado de una palabra, te toca poner en marcha tu detector de raíces para encontrar la palabra deseada. Una vez aislada, te vas a tu diccionario, la localizas y das con la palabra deseada.

Por eso, me ha llamado la atención este diccionario; porque puedes hacer búsquedas por la primera letra de la palabra.

¿Y ya está? ¿Eso es todo?

Pues, la verdad es que no. He seguido trasteándolo y he descubierto que puedes hacer búsquedas según la letra en función de la posición de la letra dentro de la palabra. Por tanto, tienes tres opciones: buscar por la letra inicial de la palabra, a partir de la letra medial o de la letra final. También tienen una opción donde puedes encontrar palabras a partir de la primera y última letra.

Si pinchas en cualquier letra, verás que te lleva a un menú donde las palabras están distribuidas entre aquellas que empiezan por la palabra que has buscado, vocablos que están compuestos por dos grafías; a las que les siguen aquellos que están compuestos por tres y así sucesivamente.

Es curioso que cuando pinchas la entrada, si es que optas por buscar así, aparece la explicación de las letras que la forman. Mira, de algún modo, me parece que se puede utilizar para hacer actividades de deletreo para familiarizarse con los sonidos del árabe.

Hasta aquí llega mi análisis de este diccionario, que me ha parecido interesante por su formato. ¿Tú le has echado un ojo? ¿Qué te parece? ¿Crees que se puede usar para generar alguna actividad? ¿Cuál es tu experiencia con los diccionarios de árabe-español? ¿Tienes alguno monolingüe?

Autor: tintorerailustrada

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12 comentarios en “Kalimmat, un diccionario de árabe en línea diferente”

  1. La verdad es que, tratándose de un diccionario inverso o de rimas y cuyas definiciones están tomadas de otros ya disponibles en Internet, no parece, de entrada, particularmente interesante para un estudiante de árabe (salvo que quiera hacer sus pinitos como poeta… y de los clásicos).

    Yo dejé de enseñar a buscar en diccionarios impresos hace tiempo: sólo le veo sentido a partir de cierto nivel, en que los digitales pueden resultar insuficientes. Y eso, paradójicamente, ocurre menos con los diccionarios clásicos que con los de dialectos, muchos de los cuales se han escaneado y convertido a imágenes, pero no a texto; o ni eso.

    Lo de que “tú vienes con tu experiencia de buscar en el diccionario español” hay que adaptarlo a los tiempos que corren: yo el DRAE no recuerdo ya siquiera haberlo consultado alguna vez en papel, luego tampoco cabe esperar que muchos alumnos sientan necesidad parecida hoy en día.

    A nosotros nos enseñaban a buscar en el diccionario desde un primer momento porque con eso y una gramática más o menos asimilada ya podías pasar por arabista (no es casualidad que “el otro Corriente”, el español-árabe, nunca hiciera falta). El problema es que luego, en la vida real, muchas palabras no las encontrabas no porque no supieras buscarlas, sino porque no estaban (como me pasaba a mí, por ingenuo, con las letras de tantas canciones; cf. https://anisdelmoro.blogspot.com/2010/05/cual-racimo.html). Y otras las encontrabas, sí, pero en balde, porque la definición no ayudaba gran cosa. A este respecto, habría que distinguir entre la necesidad de diccionarios que tiene un traductor, que a veces no da con la palabra en su propio idioma, de la que tiene un aprendiente del idioma. Aun así, yo, que de vez en cuando echo una mano a algún colega con la traducción de textos clásicos, siempre procuro acudir a diccionarios monolingües, entender bien la definición del vocablo que se resiste y tratar de dar por mí mismo con un equivalente en español, antes de acudir al bilingüe, cosa que sólo hago en caso de extrema necesidad o torpeza por mi parte.

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    1. Antonio, eres admirable. ¿Te he dicho ya que de mayor quiero ser como tú? Por cierto, ¿qué gramática te dieron a ti junto al diccionario para convertirte en arabista? (sonrisa) ¿La de Corriente? ¿O fue otra?

      Quería reflexionar un poquito sobre el papel que ocupa el diccionario en el aprendizaje del árabe. Porque me parece excesivo (al menos en mi tiempo). Aunque creo que no lo he conseguido del todo 😀 (Lo siento por tanto emoticono porque puede que no sea muy serio usarlos).

      Luego, en el otro ordenador, trasteo tu diccionario. ¿Por qué dices que se murió de éxito o de pretendientes?

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      1. ¡Ja, ja! Yo lo único que encuentro admirable a mi respecto, y no es en absoluto falsa modestia, es la suerte que tengo. Dice una amiga mía, arabista también, que he nacido dando palmas. Si ser como yo pasa por tener una suerte igual o parecida, se lo deseo a todo el mundo. Yo la he dedicado a hacer lo que me gusta, pero es que hasta eso, tener algo que te guste, puede ser cuestión de suerte, ¿no?

        Sí, a los de mi promoción la gramática que nos “reco-mandaban” era la de Corriente. Yo heredé una primera edición del hermano mayor de un compañero de otra especialidad, pero apenas la usé. De hecho, mis notas, posteriores, están todas en el prefacio, que es una joya. Es lógico, dado que las clases consistían en atiborrarnos de gramática y, por lo general, poco acorde con nuestro “desnivel”, que no necesitaras consultarla demasiado. Era como si ya te la dictaran en clase. Hace unos años le comenté a su autor que en los servicios de mi aulario había visto un grafiti que decía así, en clara referencia a la obra y al (ab-)uso que hace de ella cierto colega: “F. Corriente, cuánto daño has hecho”; a lo que él repuso que nunca había pretendido que su gramática se usara con los alumnos, sino que fuera un “libro del maestro, para que los docentes supieran lo que no debían ignorar”.

        La del diccionario es la bochornosa historia de una o varias cacicadas que sólo cuento en privado, aunque alguna alusión a ella hay en mi blog (https://anisdelmoro.blogspot.com/2014/09/acto-de-ausencia.html). No es que no la pueda contar en público, sino que en su momento tomé la decisión, no sé si acertada o no, de no hacerlo y si me desdijera tendría que ser con todas las consecuencias.

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      2. Te felicito pues por tu buena suerte. Yo crecí con un padre que continuamente me repetía: ” Al saber le llaman suerte”. En aquellas palabras había algo de razón, pero no toda. Es verdad que tener saber ayuda; sin embargo, una poquito de ayuda de las hadas no viene mal de vez en cuando. Conste que no me quejaré yo de mi mal sino, no considero que lo haya tenido. Tampoco diré que estoy a disgusto en el lugar al que la vida me ha traído porque, al fin y al cabo, con aciertos y errores, todo es producto de mis elecciones condicionadas, o no, por mis circunstancias. En fin, hasta aquí la filosofía del día (ja,ja,ja).

        Ya pensaba que mi historia con la gramática de Corriente era única (ja,ja,ja). La compré e hice los ejercicios que proponía, así de disciplinada es una, porque, la verdad, nadie me obligaba a aquella tarea. Poco saqué en claro de aquello. Luego anduve comprando por mi cuenta y riesgo las gramáticas que, a mi criterio, podrían serme útiles. Luego llegaron las clases de sintaxis árabe que yo enfrenté del mismo modo que resolvía los análisis sintácticos en español. Y no es que la sintaxis para mí sea un herramienta inútil, más bien todo lo contrario. Sin embargo, como todo en la vida, solo tiene sentido si sabes leer y escribir, entiéndase ambas competencias con un nivel que te permita comprender o producir los textos. Estoy pensando que en este aprendizaje mío del árabe pasé del alifato a los manuales del Instuto Burguiba y de ahí a traducir textos de otro manual. ¡Ay, Señor!

        La anécdota de la pintada: “F. Corriente, cuánto daño has hecho” es una fantasía. ¡Qué fantasía! Esto me hace pensar que estudié en una universidad muy aburrida (ja,ja,ja).

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      3. Gracias.

        Yo no tenía una asignatura de sintaxis, pero sí una “Gramática y Lexicografía Árabes I” en que la profesora me tiraba tizas por preguntón. Me intrigaba, p. ej., cómo se decía en árabe “modo enérgico”, cosa que no le sucedía a ella, que ni lo sabía ni se tomaba la molestia de consultarlo, y para eso ni la gramática de Corriente (https://archive.org/details/04GramaticaArabe/page/n243/mode/2up/) ni otras europeas eran de mucha ayuda. Yo quería aprenderme la terminología gramatical en árabe, hablar, comprender canciones, leer la prensa y novelas, etc., y para eso no hacía falta la mayor parte de lo que nos enseñaban, aparte de que el modo de enseñarlo lo acababa haciendo odioso, de modo que ha sido más bien después de terminar la carrera cuando he ido “completando el temario”. Recuerdo, p. ej., haber escrito mal un verso que maqueté para un colega porque no sabía cómo se vocalizaba صيغة ما أفعل للتعجب (cf. https://www.youtube.com/watch?v=QxjA9RqVxUc) ni me tomé la molestia de averiguarlo. Sólo acerté, algo avergonzado, a alegar en mi descargo que jamás había visto u oído, que yo recordara, una expresión así con todas sus vocales: en tunecino son habituales (p. ej., ما أبنّه، ما أحلاه), pero sin إعراب, claro, de modo que en lugar de ما أعجبَ شأنَ القلم yo debí vocalizar ما أعجبَ شأنُ القلم o algo por el estilo.

        Ahora, sin embargo, me encanta hojear gramáticas (sobre todo nativas) de árabe clásico, como una edición que tengo, en tres volúmenes, de شرح المفصل de ابن يعيش.

        Cuando yo estudiaba, poco podía imaginar que Corriente era un cachondo y tenía poco o nada que ver con quienes nos torturaban con sus obras.

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      4. Me hubiera encantado tener una asignatura de lexicografía árabe y otra de fonología o, como mínimo, alguna parte de la asignatura de árabe dedicadas a esas áreas; seguiré soñando (ja,ja,ja).

        Yo también perseguía aprender todo lo que pudiera en árabe. Me compré en Túnez el diccionario gramática de George M. Abdul_Massih, pero en aquellos momentos se me hacía un mundo; como no podía ser de otro modo. Yo tengo tendencia a comprar, cuando puedo, los libros de textos o materiales de apoyo para los nativos. Ahora me ha dado por recopilar las cartillas de lectura que hay publicadas en Scribid. Son muy antiguas, pero me gustan mucho porque los textos son temáticos y todo el vocabulario que aparece en ellos está relacionado. Así que es una estupenda forma de fijar y ampliar vocabulario en niveles iniciales.

        Me apunto la referencia de la gramática que me has dejado.

        A veces, poco tiene que ver el autor de la obra con lo que se hace con ella. Unas veces te llevas una grata sorpresa y otras, una decepción enorme 🙂

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      5. Yo podría decirte qué asignaturas me habría encantado no tener, aunque terminaría antes diciéndote qué dos o tres, de las dieciséis con que contaba la especialidad, me resultaban algo más llevaderas.

        ¿Fonología? Ayer escuchaba en un vídeo a una profesora de mi alma máter, creo que de tu quinta, diciendo «موهانماد» (sic) en lugar de محمد. Veinticinco años después de licenciarme yo, ésa sigue siendo, parece, la “fonología árabe” que cabe aprender en la US y otras universidades españolas. A vocalizar صيغة ما أفعل للتعجب (que según los gramáticos árabes no se forma, por cierto, con un elativo en acusativo, como dice Corriente, p. 256, sino con un verbo) se aprende en un instante. Una pronunciación aceptable, en cambio, lleva tiempo y esfuerzo.

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      6. Cuando he visto escrito موهانماد, me ha venido a la cabeza el nombre del protagonista principal de العشق الممنوع, una serie turca que tuvo muchísimo éxito hará diez o doce años. Era una historia de adulterio y el galán se llamaba مهاناد. La recuerdo con cariño porque fue de las primeras que me animé a ver para ver si entendía algo.

        En relación a lo que me planteas, diré que hace tiempo asumí que el subjuntivo es un “tiempo” que no existe y que lo que me hubiera gustado en relación a mi aprendizaje de árabe es una quimera. No se puede enseñar lo que no se sabe. Eso es algo tan claro como la luz del sol que sale todos los días para alumbrarnos; aunque no lo veamos.

        Para poder pronunciar bien un idioma hay que ejercitarse mucho porque el aparato fonador, a no ser que existan muchos sonidos similares, tiene ya unos acomodos. Así que, no te queda otra que entrenarlo para que sea capaz de emitir los nuevos sonidos. Es como hacer gimnasia para desarrollar aquellas partes de tu cuerpo que están más débiles o que quieres modificar.

        Como no eres una criatura que está aprendiendo a hablar de forma natural; sino que eres un adulto que, para colmo, no vive en un entorno donde se use el árabe a diario, te tienen que explicar cómo producir esos sonidos (cosa que no ocurre o ocurría en las aulas). Por eso te ves, por ejemplo, descifrando textos como si fueran un código porque no puedes escuchar la imagen mental de tu voz en árabe cuando lees; cosa que sí diría yo que hacemos cuando leemos en nuestra lengua materna. Con suerte, puedes reconstruir las vocalizaciones de las palabras porque te has aprendido unos esquemas donde te las especifican, pero no eres capaz de hacerlo porque tengas una conciencia fonológica del árabe para guiarte. No sé si me explico.

        El aprendizaje de la pronunciación es consciente en este caso; hay que explicitarla y no basta con decirle al alumno: habla.

        Ahora viene una dramatización de un diálogo mental:
        ¿Qué hable? ¿Qué voy a hablar si cuando tengo que abrir la boca me siento como si fuera a hundirme en arenas movedizas? ¿Qué voy a decir si, además de preocuparme por la gramática y del vocabulario tengo que preocuparme de la pronunciación? Anda, me está mirando raro, ¿qué habré dicho? ¡Ay! ¡Tierra, trágame!

        Los estudiantes de árabe no somos como niños que aprenden su L1. No la aprendemos de forma natural y necesitamos instrucción. Por eso, con respecto a muchas otras cuestiones, pero a esta también, sería genial contar con alguien que te explique cómo articular los sonidos, que te proporcione ejercicios para practicar la pronunciación, que te corrija, etc. Si realizas ejercicios de discriminación por pares, por ej., tanto a nivel de producción como de comprensión oral, quizá, no llegarías a decir موهانماد en lugar de محمد. ¿No?

        Los profesores están para eso, para ayudar y guiar. Es su misión buscar la forma de acelerar y mejorar el proceso de aprendizaje porque si el método de aprendizaje que quieres poner en práctica como profesor es el “Hágaselo usted mismo”, pues ya me dirás qué pintas cómo docente. Eso sí, si la tradición metodológica a seguir es esa y no se puede romper con ella por comodidad, pues no hay nada más que añadir.

        Por cierto, ¿qué hiciste tú para lograrlo?

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      7. Bueno, el personaje en árabe se llamaba مهنّد, no مهاناد.

        ¿Tú crees que se puede explicar cómo se producen los sonidos de una lengua extranjera? Yo creo que puedes describir la articulación del sonido (p. ej., con esas horribles láminas que parecen sacadas de un libro de anatomía: https://carlusserrano.wordpress.com/2018/11/26/unidad-9-las-letras-%d8%b8-%d8%b7/), pero que nada de eso sirve de mucho (salvo para asustar al alumno tal vez). Tú para imitar el acento o la forma de hablar de alguien, ¿qué necesitas? ¿asomarte a su garganta, que te cuenten como habla o escucharlo? Yo diría que esto último, y cuanto más, mejor; e intentarlo una y otra vez hasta que alguien que lo conoce mejor que tú reconozca y apruebe tu imitación. En niños no nos vamos a convertir, pero quizá en este aspecto, el fonético-fonológico, sea donde estamos más cerca de ellos y de su forma de aprender. Hay, por supuesto, técnicas para facilitar el proceso, aprovechando que somos adultos y tenemos ya una L1 e incluso alguna otra LE, pero que un profesor de árabe diga موهانماد en lugar de محمد no es algo que se solucione con ejercicios de discriminación por pares, sino con una mejor selección del personal docente, que pase por escucharlo hablar, p. ej., antes de contratarlo (https://www.um.es/docencia/antanins/sgc/i3timad). Digo esto porque hay que romper con ese círculo vicioso: no garantizar un nivel de usuario competente a nuestros alumnos no implica que no se lo podamos exigir a nuestros profesores.

        En efecto, no basta con decirle al alumno: “¡Habla!” Hay que hacerle hablar y hablarle tú aún más, en parte porque la pronunciación, a veces, tiene “truco”: yo sé de colegas que una palabra o una frase suelta la pronuncian aceptablemente, aunque, por lo general, de forma un tanto engolada, traicionándoles la falta de hábito; pero hablar no es eso, sino monitorizar al mismo tiempo, como tú dices, la gramática, el vocabulario, etc., por no decir, simplemente, la interacción.

        ¿Que qué hice yo para “lograrlo”? ¿lograr qué?

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      8. Bueno, por supuesto, a lo que me refería, con toda seguridad no me expresado bien, es a que puedes enseñar la articulación del sonido a tus alumnos y, como tú añades, sin necesidad de darles esas láminas horribles que hagan salir asustados a los alumnos.

        Obviamente, solo podrás hacerlo si eres hablante activo del árabe, en tanto que eres capaz de corregir a tu alumno si no pronuncia correctamente o si pone un determinante donde no toca, por ej.

        Estoy totalmente de acuerdo contigo en que habría que hacer una mejor selección del profesorado, pero, si este es el que se prepara en la universidad con la situación que describes, veo complicado romper ese círculo vicioso. Porque, ¿cómo se va a prestar alguien a quedarse en evidencia? ¿No? ¿Quién va a reconocer que, a pesar de impartir clase de árabe, no lo habla o no lo hace todo lo bien que cabría esperar o exigir?

        ¿Sabes? A veces, me arrepiento de no haber protestado cuando estudiaba. Ese era el momento de haberlo hecho, supongo. Debí, quizá, haber sido más combativa en ese aspecto; aunque hubiera seguido necesitando el método de enseñanza/aprendizaje “hágaselo usted misma”. Otro tema es cómo gestioné mi aprendizaje.

        Con respecto a exigirle a los profesores que sean competentes, si te digo la verdad, en mi época de estudiante, me veía impotente para hacerlo. Ante quién iba a protestar, ¿ante los catedráticos de la especialidad? ¿Al defensor del estudiante? ¿Al rector? Por otro lado, pensaba en el esfuerzo económico y personal invertidos, así como en algunas experiencias de otros compañeros de las que fui testigo por cuestiones que nada tenían que ver con esto, y se me quitaban las ganas.

        Supongo que por eso ahora, después de casi 20 años de haberme licenciado, me ha dado con sacarme la espinita con mejor o peor fortuna. Ojalá, llegue a sacármela por completo.

        PD: Perdona si no atino muy bien en los comentarios, pero estos días están siendo (pon aquí cualquier adjetivo de la órbita del nerviosísmo y la falta de claridad mental). En fin…

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      9. Bueno, la clave para romper ese círculo vicioso se llama generosidad, altura de miras o, más técnicamente, renuncia a parte del “capital simbólico” (cf. https://anisdelmoro.blogspot.com/2011/11/algo-fel7al.html). Es tan sencillo como decir: “Mira, no vamos a señalar a nadie, pero hasta ahora las cosas las hemos hecho, o hemos consentido que se hicieran muy mal. Esto no puede seguir así y no lo vamos a arreglar de un día para otro, pero hay que comenzar a ponerle remedio.” Para eso, qué duda cabe, muchos tendrían que dejar de valerse de la selección del profesorado como una moneda con que pagan o esperan comprar favores.

        Hay, ya que lo preguntas, bastantes colegas que reconocen, más o menos abiertamente, que su árabe no es el que debiera. Siempre en petit comité, claro, y en muchos casos restándole importancia: hay un buen ejemplo en esa apología del arabismo de toda la vida en Cuando fuimos árabes, de González Ferrín (2017): “El árabe que yo hablaba, el que sigo manejando, es un compuesto personal creado entre la lengua estándar, artificial pero generalmente entendida, con giros de dialecto egipcio, algo que me hace ser entendido en cualquier parte, pero que no me posibilita entender a prácticamente nadie que no se exprese en un registro culto” (p. 93). ¿Algún problema al respecto? ¡Ninguno! “Fue en una de esas charlas magistrales [de Emilio García Gómez]”, dice el autor, “donde escuché aquello de que un arabista es mucho más que un aprendiz de árabe. Que la dedicación al mundo árabe está muy por encima de lo meramente lingüístico, y que la lengua, por sí sola, no pasa de ser «el chau-chau de los betuneros de Tánger», como expresó literalmente García Gómez” (p. 35), quien sostenía un discurso idéntico o muy parecido (cf. https://anisdelmoro.blogspot.com/2014/09/en-especial-ante-quienes-lo-tienen-como.html).

        En el colmo de la desfachatez, en fin, los arabistas pueden proclamar, tranquilos, que no dominan el árabe (o que nadie lo domina, incluso: cf. https://anisdelmoro.blogspot.com/2011/07/larab-planteja-problemes.html): su reino no es de ese mundo.

        Cuando yo estudiaba, varios compañeros de mi promoción, la anterior y la siguiente protestamos, pero no sirvió de nada. Escuchamos muchas excusas ridículas y conseguimos, todo lo más, que nos pusieran a un doctorando nativo, que ya andaba por allí, a darnos algunas clases prácticas. Pero entonces (te hablo de 1994) no disponíamos de redes sociales: no sabíamos qué pasaba en otras universidades ni podíamos unir fuerzas con otros compañeros. Pensábamos, ilusos de nosotros, que aquello sólo ocurría en la nuestra, porque siempre había alguien a quien le habían contado que en Madrid, Barcelona o Granada las cosas no eran así, que a ellos les daban becas y a nosotros no, etc. “Si seguís con esto y se corre la voz”, nos decían algunos profesores, “sólo vais a conseguir que vuestros títulos se devalúen.” ¡Ja, ja! Hoy la situación es muy diferente, pero la mayoría de los estudiantes, que si no se informan es porque no quieren, sigue prefiriendo callar y otorgar: puede que no aprendas a hablar, pero, ¿qué más da? “Ser arabista es muy fácil”, me contó una vez Corriente que solía decir Fernando de la Granja, “no hay ni que saber árabe”.

        Yo personalmente estaría encantado de apoyar cualquier reivindicación en este sentido, frustrando así una maniobra habitual en el profesorado, que es desacreditarlas con el pretexto de que el alumno es مشاغب por naturaleza y no sabe de lo que habla o ignora lo que es mejor para él, pero es que esas reivindicaciones o no las hay o no trascienden.

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