El día de Tawfiq al-Hakim: Genio, humorista, misógino y gruñón

El gran escritor egipcio Tawfiq al-Hakim (1898-1987) nació un día como hoy en Alejandría. (Aquí puedes leer el artículo original de Arablit en inglés)

Al-Hakim vino al mundo en Alejandría – hijo de un juez egipcio y una hermosa mujer turca- y se mudo a El Cairo para estudiar allí la secundaria. Cuando sus padres descubrieron su pasión por el arte, particularmente por el teatro, lo enviaron a país con una vana esperanza de que abandonase la idea de hacer carrera de dramaturgo y se concentrase en terminar su carrera de derecho.

Al-Hakim trabajó de abogado (consultar su biografía: Diario de un fiscal rural), pero cuando regresó a Egipto con 30 años, la mente de Tawfiq hervía con ideas para un nuevo arte escénico. Su novela La gente de la cueva estuvo en escena cinco años, habiendo sido la obra con la empezó la Egyptian National Theatre Troupe.

Se recuerda a al-Hakim como dramaturgo -y está comúnmente aceptado que es donde ha tenido mayor impacto-; sin embargo, escribió ensayos, memorias, relatos breves y novelas satíricas. Así mismo, parece ser que fue un magnífico orador. De hecho, recientemente he leído en las novelas de Latifa Zayat, Notas personales, que ella, así como algunos otros, se sintieron tocados por su detención en 1967 y como pasados unos días, El Comité de ficción y el alto comisionado de cultura celebraron una reunión a la que asistieron, extrañamente, al menos 50 autores. En aquel comité Zayat les dijo a todos que ellos eran responsables de la caída de Al-Hakim, ya que si todos ellos no lo hubieran rechazado, no se hubieran atrevido a meterlo en la cárcel.

Genio

Hay una gran cantidad de trabajos que muestran la genialidad de Al-Hakim. Dos de ellos son:

La gente de la cueva

El destino de la cucaracha

La vuelta del espíritu

Naguib Mahfuz escribió sobre él, en un apartado de sus memorias, que Tawfiq al-Hakim fue un pionero en el teatro con La gente de la cueva y en sus novelas con La vuesta del espíritu.

El primer trabajo que leí de Al-Hakim fue La gente de la cueva. Sin embargo, de entre todos sus trabajos la novela La vuelta del espíritu es el que mayor impacto me ha dejado. Nunca he leído una novela tan bella, elegante y sencilla. No obstante, cuando maduré más, me di cuenta de que Al-Hakim era más dramaturgo que novelista y que La vuelta al espíritu era una obra de teatro disfrazada de novela. Ya que se trata de un diálogo con escenarios. De hecho, La vuelta del espíritu ha sido ha influido en mi obra de ficción más de lo que lo hayan hecho el-Mazni o Taha Husein. La influencia de esta obra va más allá incluso que la ejercida por el Dr Muhammad Husein Haikal y su novela Zeineb que apenas impactó en mí.

Se puede leer un extracto de la novela La vuelta del espíritu aquí (EN).

Aparentemente, Al-Hakim fue un genio de la autopromoción. Tal y como escribió Mahfuz (tr Hala Halim):

” Descubrí tarde que la costumbre de Al-Hakim era mostrar su manuscrito a quien se le acercarse diciéndole que era secreto y peligroso para llamar la atención sobre su trabajo”.

Mahfuz

Humorista

Diario de un fiscal rural

La cárcel de la vida

Los secretos de un suicidio

Probablemente mi Al-Hakim favorito es el humorístico; a pesar de que sea un humor tragicómico el suyo.

Diario de un fiscal rural es una comedia de enredo simple. En ella se presenta el diario de presunto fiscal joven -lleno de ideas europeas ilustradas- que es asignado a una zona rural de Egipto; lo que genera desencuentros entre este joven cegado por el sistema colonial europeo y el pueblo desencantado del pueblo.

Si quieres, puedes ver la película basada en la novela aquí.

Más humor: En sus memorias La prisión de la vida, Al-Hakim escribe habitualmente con ironía. A veces, habla de forma exasperantemente tierna sobre su padre, en especial cuando hace referencia a los proyectos de su progenitor. Mientras que el autor considera que su obra Secretos de un suicidio es una comedia, su traductora al ingles Maha Swelem cree que es más bien una tragicomedia. El primer acto se abre así:

Mahmoud: ¡Salem! Cierra la puerta y no le abras a nadie, sea quien sea.
Salem: ¿Y si viene una joven doncella?
Mahmoud: Si viene esa joven doncella... Pues no le abres. ¿Lo has entendido?
Salem: ¿Qué hacemos con los pacientes?
Mahmoud: Sano o enfermo, da lo mismo... ¿Lo has entendido?
Salem: Lo he entendido... (Para el cuello de su camina) Pues no he entendido nada.

Puedes terminar de leerlo en Arabstages.

Misógino

El

Al-Hakim se definió como antifeminista y, además, lo convirtió en parte de su proyecto.

Denis Hope escribió en un ensayo (1945) sobre esta novela lo siguiente:

A pesar de que Al-Hakim se casó y de que perdonó a su mujer algunas de sus faltas, se declaró antifeminista. Para él, la mujer era la flor de las artes, la sociedad y la cultura; sin embargo, al igual que las flores, las mujeres tienen espinas con las que atrapa al hombre y le casa problemas indescriptibles.

Es más:

(…) es difícil pensar que este hombre tan cabal, que nunca escribiría sin razón, pudiera escribir una novela como Al-Ribat al-Muqaddas, en la que refuerzas las ideas machistas más arraigadas. ¿Intentaba decir algo más trascendente? ¿Trataba de advertir a la gente, a través de la exageración, de que la mujer egipcia estaba evolucionando muy rápido; que se estaba occidentalizando con el uso del pintalabios y los vestidos; de que estaba exteriorizando sus instintos?

En La revolución de los jóvenes, Al-Hakim pretende mostrar cómo la cuestión de la mujer influye en EEUU, como en una manifestación donde alguien lleva una pancarta que reza: “La dominación de las mujeres sobre los hombres” y le añade este análisis: Hay todo tipo de formas inimaginables de protestar, convulsionarse y espasmos que revelan lo trastocada que está la sociedad.”

Gruñón

La revolución de los jóvenes. Ensayos de Tawfiq al-Hakim se publicó en árabe en 1984, en ella se recogen ensayos no literarios del autor. Su publicación fue tres años antes de la muerte de al-Hakim y la mayoría están escritos en un tono informal cercano a los post de un blog. En algunas ocasiones, adquiere el tinte de quien cuenta su historia sabedor que el final de sus días está cerca. De modo que, esa forma de hablar que tienen los mayores cuando dicen: Cuando yo era niño…

En un ensayo, al-Hakim dice:

Un día de 1935, en que yo era director de investigaciones del Ministerio de Educación y un famoso escritor, mi padre vino a hacerme una visita a la oficina. En ese momento, un periodista estaba entrevistándome acerca de la literatura y el arte. Me sorprendí viendo cómo mi padre interfería en la entrevista, pretendiendo dirigirla hacía el lugar que quería y corrigiendo mis opiniones y cambiándolas por las suyas.

Más de cuatro décadas transcurridas, al-Hakim el gruñón tomó conciencia que no era muy diferente de su padre. Ya que desdeñaba el trabajo de su hijo como músico de Jazz -de cualquier modo, no era música clásica europea – y no tenía ningún interés en los conciertos de su hijo. Finalmente, Yusuf Idrís y sus amigos lo llevaron a uno de los conciertos de su hijo y aquel viejo cascarrabias se vio disfrutando; a pesar de sentirse fuera de lugar. Más tarde la dio vergüenza la idea de haber estado entre gente joven y dijo: Para un padre como yo, el sentimiento de ansiedad es mayor que el de satisfacción”.

Al-Hakim fue un pionero en la renovación de formas estilísticas, pero fue su encanto y su irritable conciencia de sus deficiencias los que lo llevaron a ser ingenioso y ocurrente; así como un escritor del que disfrutar.

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