Por qué separata árabe

No hace ni un mes que empecé este blog con la intención de comentar mis lecturas, en concreto todas aquellas que son de escritores árabes. Ya expliqué esto en el primer post que lancé en este diario. Sin embargo, haciendo un repaso de los cuadernos de bitácora que he ido escribiendo a lo largo de los años, me he dado cuenta de que nunca he hablado de uno de mis sueños desde que empecé la carrera de filología árabe en 1997: arabizarme. Y, por este motivo, me ha parecido una buena idea contar este camino de la arabización y los descubrimientos que he ido haciendo a lo largo del camino. De ahí, esta separata árabe; porque mi vida tiene una separata árabe que, definitivamente, quiero dejar por escrito.

1997, una fecha que supuso un antes y un después en mi discurrir vital. No imaginaba que el árabe iba a convertirse en una parte tan importante de mi vida. Es una La pregunta que con más frecuencia me he encontraba en ese momento era: ¿Tu familia es árabe? A lo que yo siempre respondía que no. Entonces, ¿por qué estudias árabe? ¿Qué salidas tiene eso? Reconozco que era una pregunta que solía incomodarme, incluso me enfadaba. Siempre tenía que dar explicaciones al respecto.

La explicación es sencilla; aunque no tenía familia árabe, mi abuelo aprendió árabe porque, según contaba mi padre, un mecenas quería que ocupase una plaza de profesor de árabe en la Universidad de Salamanca. Por esta razón, lo mandaban a Marruecos de pequeño para que aprendiese árabe. Así fue, y tanto es así, que mi abuelo, que estuvo encarcelado en la Guerra Civil, hacía de intérprete cuando apresaban algún soldado de la guardia mora. Esta es al menos la historia que escuchaba de pequeña sobre mi abuelo. De hecho, aún conservo algún escrito suyo que tan bien guardado está que no puedo encontrarlo.

La historia de mi abuelo me parecía tan fascinante que, de algún modo, decidí seguir sus pasos. Por aquel entonces, ni imaginaba que iba a enamorarme tanto de esta lengua y su cultura.

Así inicié esta separata árabe de mi vida que ahora quiero plasmar por escrito. A ver si lo consigo porque son ya veintidós años de árabe en mi vida y aún no he conseguido arabizarme del todo. Quizá, lo consiga antes de morirme.