De cómo usé las series turcas dobladas al árabe para aprenderlo

Este es uno de los métodos que empleo para mantener mis conocimientos de árabe al día: ver telenovelas turcas dobladas a este idioma. Cuando se me ocurrió hacerlo por primera vez, no era una idea novedosa para mí debido a mi trabajo como profesora de E/LE, pues ya había leído antes la experiencia de Isabel Leal con Las telenovelas y las clases de español. Además de que yo misma, a lo largo de estos años, he conocido extranjeros que han desarrollado sus habilidades comunicativas en nuestro idioma gracias a las telenovelas mexicanas.

Por esa razón, pensé: si a tanto estudiante de español le ha ido bien con este método, ¿por qué no va a funcionarme a mí con el árabe? Así que, dicho y hecho. Abrí el buscador de turno y me puse a buscar series en árabe. Hace quince años todavía no existía Netflix, por eso recurrí a San Google. Pronto me di cuenta de que no iba a encontrar ninguna serie doblada al árabe clásico, que era con el árabe con el que más familiarizada estaba. Sin embargo, di con un buen puñado de series turcas dobladas al dialecto levantino. Entonces, me dije: ¿por qué no? Voy a probar. A ver cuánto consigo comprender. En ese momento, no apliqué ningún tipo de técnica didáctica que pudiera acelerar el desarrollo de la competencia auditiva. Simplemente, me ponía a ver las series esperando entender lo que decían a partir de las situaciones que se planteaban.

Empecé con esta aventura de las series turcas en 2010

Antes de este año para mantener el árabe fresco me afanaba por bucear en la web de Aljeezara porque las noticias estaban escritas y, además, locutadas. De ese modo, podía leer al mismo tiempo que las escuchaba. Sin duda, es buen ejercicio para esto de la práctica de lenguas porque te permite ir creando conciencia fónica y desarrollar la habilidad lectoescritora. Saqué la idea de los días de laboratorios de idiomas en la universidad. (¡Madre mía! Pienso en esa época donde todavía íbamos por el mundo con el Lugaz Timzal At-Ta’ir y un casete. Ahora hay las mil oportunidades para acercarte al árabe de una forma amena y entretenida).

¿Cómo logré familiarizarme con el dialectal levantino?

Pues lo conseguí por diversos caminos. En primer lugar, poniendo en práctica una gran tolerancia a la frustración. Porque, al principio, escuchar conversaciones no adaptadas se hace difícil porque puedes agobiarte. Los estímulos que entran son muchos y el cerebro no puede procesarlo todo con la rapidez que necesitas. De modo que, hay que hacer uso del botón de pausa y del botón de rebobinar para repetir la escena cuantas veces necesites para entenderlo. (¿Por qué no use los subtítulos? Porque era un reto personal).

En segundo lugar, veía las series con una libreta y un bolígrafo al lado. Así podía apuntar las palabras que creía escuchar para comprobar buscando en el diccionario si estaba en lo cierto o no. Si había entendido bien.

En tercer lugar, cuando mi oído ya estaba más entrenado y empecé a escuchar y entender fragmentos más largos. Mi atención pudo centrarse en cuestiones gramaticales. Fue entonces cuando me dí cuenta de que algunas construcciones del dialectal levantino eran distintas del Árabe Estándar. Ahí fue cuando investigué en Internet.

La caja de búsqueda de Google es una herramienta de lo más eficaz. En cuestión de segundos tienes ante los ojos gran cantidad de resultados que, eso sí, te toca filtrar. En el proceso de filtrado, di con el blog de TeamMaha. De él, pude descargarme un manual bastante útil para familiarizarme con la gramática, los modismos y el vocabulario del dialectal shami. Échale un ojo si te interesa este dialecto porque es bastante provechoso para un estudiante de árabe y, concretamente, de esta variante del árabe. En mi caso, fue clave para hacerme para comprender algunos de sus giros lingüísticos y me dio luz sobre aquello que no comprendía. De hecho, si hace años alguien se partió de risa porque hablaba en fusha como la locutora de la tele en Marruecos, ahora me decían que tenía acento levantino.

Otros recursos

Desde aquel año, ha llovido un poco y, además, Internet se ha convertido en una mina de materiales para estudiar idiomas. No cabe duda de que Youtube en ese aspecto es el rey porque hay todo tipo de youtubers y de contenidos con los que repasar materias. Solo tienes que buscar un poquito y ahí lo tienes.

Por ejemplo, hay canales como el de Learn Arabic with Maha o el de Barrio Sésamo en su versión árabe (otro de mis métodos favoritos para familiarizarme con la lengua) que pueden ser muy accesibles si estás iniciándote en el aprendizaje de este idioma. Así mismo, están los canales de noticias como Hespress (marroquí, ¿o debería decir emiratí?) o el de Aljazeera dedicado a documentales con los que puedes acercarte al árabe más estándar.

Más series

Yo, por lo pronto, ahora ando viendo Filinta, otra serie turca doblada al árabe levantino. En este caso, se trata de una telenovela que narra las aventuras de un detective turco Mustafa Filinta durante la época previa a la Primera Guerra Mundial en Turquía. También tengo localizada ya una serie marroquí llamada عين الحق con la que me voy a tener que aplicar porque está en dariya y no lo controlo mucho, la verdad. Será una oportunidad estupenda de adentrarme en este dialecto.

Otras telenovelas turcas que he visto ya las tenéis en las cadenas de televisión generalistas españolas: Sühan (no entiendo el porqué de este título), Amor de Contrabando,… En mi opinión están realmente bien hechas, pero no soy ninguna experta en cine ni series. Por curiosida, ¿has visto alguna? ¿Qué te parecen?

¡Ah! No me despido sin mencionar toda la producción audiovisual que se hace específicamente para Ramadán. Hay series que tienen muy buena pinta y que tengo en el tintero como, por ejemplo, Tango.

¿Te suena la banda sonora?

A lo mejor, mi propósito es una locura

No sé, me doy ternura a mí misma. De hecho, estoy escribiendo esto y se asoma una sonrisa a mis labios. Me pregunto si no estaré loca porque me gustaría contagiar este cariño que tengo por el árabe y su cultura. A ratos, me parece una idea alocada dado cómo está el panorama.

Para colmo, este mundo de los blogs ha cambiado un montón. Me siento viejuna y desactualizada. Sigo sonriendo. Cuando empecé los primeros fue por pura necesidad de comunicarme; estaba trabajando como docente de E/LE y me sentía aislada. No tenía con quién compartir mis inquietudes. Entonces, se me ocurrió comenzar un cuaderno de bitácora. El resultado fue mágico. Conseguí una gran cantidad de retroalimentación y me divertí muchísimo.

Era la edad de la inocencia y la ingenuidad en la red. Había muchos blogs fantásticos con los que aprender. Había ilusión y ganas de compartir. (A lo mejor esto es una idealización).

Ahora todo esto se ha profesionalizado mucho. De hecho, es grandioso que exista gente ganándose el pan escribiendo un cuaderno de bitácora. Hace once o doce años ni se me hubiera pasado por la cabeza que un diario en línea pudiera dar dinero o monetizarse. ¿Cómo no fui capaz de subirme al carro? ¿Será que tengo un espíritu un poco pobre? Son preguntas que me hago y sigo sonriendo. Me doy ternura.

A ver si esta vez, también doy yo con la fórmula y me forro. Ahora la sonrisa es más grande. En cualquier caso, ojalá que, si pasas por aquí, descubras una canción, un libro o algo que se quede contigo. O que te sirva, como a mí mi carrera, para abrir una puerta que te lleve a un lugar que merece la pena conocer y explorar.

Aquí te dejo a Aziz Maraka, un cantante, compositor, productor jordano, con una canción que bien se puede escuchar en bucle porque, al final, te hipnotiza. Lo encontré buscando canciones para aprender dialectal levantino. ¡Qué gran invento esto de los vídeos con las letras!

¿No estás bailando todavía?

Elegir lectura

Si me paro a pensar en cómo elijo mis lecturas, me doy cuenta de que mis elecciones son de lo más irracional. Nunca tengo un plan trazado ni me fijo en las últimas novedades del mercado. De hecho, es todo muy azaroso. Los títulos van apareciendo delante de mí y me llaman. Por eso, me fascina leer a personas que están emocionadas porque han comprado un libro cuya publicación llevaban meses esperando. Por desgracia, no me ha pasado nunca y me encantaría que me ocurriese.

Hay quien lee en función de las propuestas del club de lectura al que se han apuntado. Confieso que he intentado seguir las propuestas de algunos de ellos que hay en línea, pero me temo que la anarquía me termina ganando siempre. No sé cómo me las arreglo, pero por lo general se suele cruzar por mi camino algún escritor que no estaba en la lista. Eso sí, a veces me sirven de inspiración para escoger el nuevo título que incluir en mi librería. Eso me pasó, por ejemplo, con “Desoriental” de Négar Djebadi.

A veces me imagino en plan intelectual, pudiendo justificar los motivos que me han llevado a meter en el carrito de la librería este o aquel libro. Y me refiero a razones como: este autor es un icono de su generación o esta obra es representativa de tal o cual corriente o es un clásico ineludible. Sin embargo, confieso que soy un desastre para eso. Y mira que lo intento. La teoría me gusta, me parece importante; no obstante, soy más práctica que otra cosa. De hecho, cuando pensé en empezar este blog, tenía en la cabeza hacer algo más serio y sesudo; pero, al final, todo indica que voy a transitar un camino más ligero.

Supongo que, como todos, unas veces la elección del libro que me voy a llevar a casa depende de las referencias que me hayan dado. Quizá alguien me ha recomendado alguna obra y me lanzo a leerla. Otras veces, simplemente me interesa un tema y me propongo indagar sobre él a través de la literatura. Eso me pasó con la cuestión de los refugiados; varias son las novelas que han entrado en mis estantes para satisfacer esa curiosidad (quizá esta no sea la palabra adecuada, prometo cambiarla más adelante). Ejemplo de ello son las novelas de Rafik Schami.

Algo que me ocurre con frecuencia es que si conozco un autor y me gusta la primera novela que he leído, no puedo evitar leer casi toda su obra. Se convierte en una especie de compulsión. Esto me ha pasado, por ejemplo, con Elena Ferrante; recuerdo que mis primeros acercamientos a su obra eran incómodos y me llevaba a un mundo difícil de transitar, pero finalmente me atrapó. Terminé por traer a mi biblioteca todas sus obras y conociendo la historia de Nina con todas sus aristas y vivencias. Ahora he enfilado a Yasmina Khadra y tengo mucha tarea por delante.

Por supuesto, ¿quién no elige la lectura en función de su estado anímico? A mí me pasa. Hay temporadas que leo por entretenimiento, no me apetece pensar porque el peso de los días solo pide un descanso y paz mental. Y la lectura los trae. Eso sí, puede ser extraño que esa relajación venga de una novela negra, una elección bastante habitual en mi caso. Aunque, no es menos verdad, que las novelas policíacas las hay de mucho tipo. Sin duda, las historias de Víctor Ros me proporcionaron un gran entretenimiento durante un tiempo.

Por qué separata árabe

No hace ni un mes que empecé este blog con la intención de comentar mis lecturas, en concreto todas aquellas que son de escritores árabes. Ya expliqué esto en el primer post que lancé en este diario. Sin embargo, haciendo un repaso de los cuadernos de bitácora que he ido escribiendo a lo largo de los años, me he dado cuenta de que nunca he hablado de uno de mis sueños desde que empecé la carrera de filología árabe en 1997: arabizarme. Y, por este motivo, me ha parecido una buena idea contar este camino de la arabización y los descubrimientos que he ido haciendo a lo largo del camino. De ahí, esta separata árabe; porque mi vida tiene una separata árabe que, definitivamente, quiero dejar por escrito.

1997, una fecha que supuso un antes y un después en mi discurrir vital. No imaginaba que el árabe iba a convertirse en una parte tan importante de mi vida. Es una La pregunta que con más frecuencia me he encontraba en ese momento era: ¿Tu familia es árabe? A lo que yo siempre respondía que no. Entonces, ¿por qué estudias árabe? ¿Qué salidas tiene eso? Reconozco que era una pregunta que solía incomodarme, incluso me enfadaba. Siempre tenía que dar explicaciones al respecto.

La explicación es sencilla; aunque no tenía familia árabe, mi abuelo aprendió árabe porque, según contaba mi padre, un mecenas quería que ocupase una plaza de profesor de árabe en la Universidad de Salamanca. Por esta razón, lo mandaban a Marruecos de pequeño para que aprendiese árabe. Así fue, y tanto es así, que mi abuelo, que estuvo encarcelado en la Guerra Civil, hacía de intérprete cuando apresaban algún soldado de la guardia mora. Esta es al menos la historia que escuchaba de pequeña sobre mi abuelo. De hecho, aún conservo algún escrito suyo que tan bien guardado está que no puedo encontrarlo.

La historia de mi abuelo me parecía tan fascinante que, de algún modo, decidí seguir sus pasos. Por aquel entonces, ni imaginaba que iba a enamorarme tanto de esta lengua y su cultura.

Así inicié esta separata árabe de mi vida que ahora quiero plasmar por escrito. A ver si lo consigo porque son ya veintidós años de árabe en mi vida y aún no he conseguido arabizarme del todo. Quizá, lo consiga antes de morirme.

Khalil

Khalil es el título y el nombre del protagonista de la última novela de Yasmina Khadra, un escritor argelino de novela negra muy prolífico que tiene la habilidad de tocarte la fibra con sus historias. Los temas que plantea en ellas y la forma en la que lo hace se quedan flotando en tu cabeza.

Confieso que me encanta la novela negra, me parece un género que describe muy bien la condición humana. A partir de un crimen se despliega toda una galería de personajes cuyas conductas y pensamientos sirven para describir la sociedad en la que vivimos. En Occidente, la novela negra goza de muy buena salud. De hecho, hay muchos detectives famosos a los que puedes seguir en sus andanzas.

Sin embargo, en el mundo árabe este género es relativamente nuevo o no se cultiva tanto. ¿Los motivos? Quizá, sean los que apunta Rafik Schami, escritor sirio exiliado en Alemania, en su novela “Sofía o el origen de todas las historias “:

” Creo que ningún árabe puede imaginarse que un comisario , por honrado, inteligente y responsable que sea, pueda plantear las preguntas necesarias para aclarar un asesinato”.


” — Porque la investigación de un asesinato, tanto en la vida real como en una novela, exige cierta libertad que no existe en ningún país árabe. (…) La resolución del caso está vinculada a la libertad de cuestionar.


En Sofía o el origen de todas las historias, pp 247-248

Pero volvamos a Khalil. En este caso nos encontramos con la historia de Khalil; un reto porque Yasmina Khadra te mete en la piel de un terrorista, de alguien que decide quitarse la vida en nombre de Dios y, de paso, llevarse por delante a cuantas más almas mejor. ¿Por qué? ¿Cuál es el detonante para llegar a tomar esta decisión? ¿Es qué no tiene sentimientos? ¿Tan grande es el odio?¿De dónde sale tanto rencor? Estas, entre otras muchas, son las preguntas a las que el autor intenta dar respuesta.

“Los países no se construyen a base de identidades, sino de ciudadanía”.

Khalil de Yasmina Khadra

(Sobre el tema de la construcción de la identidad ando pensando mucho en los últimos tiempos. ¿Quién sería de haber nacido en otra ciudad, en el seno de otra familia,…? El lugar en el que naces y creces; no es lo mismo haber nacido en un pueblo que en una ciudad. La concepción espacial y la forma de relacionarte con el entorno no es la misma. Tus padres y las creencias que te inculcan; si vives en un entorno acomodado o no, etc. Son muchos los factores que influyen en la creación de nuestra identidad).

Khalil y el resto de personajes que conforman la historia van planteando los retos a los que hace frente nuestra sociedad con respecto a la integración de los extranjeros. Nos habla sobre las identidades , las etiquetas, la exclusión, el desencanto, la decepción, la desesperación, el fracaso personal, etc. Es una historia plagada de reflexiones inteligentes y muy acertadas, desde mi punto de vista, sobre cómo nos vemos y vemos a los otros.

La galería de personajes y situaciones que dan pie a plasmar ese mosaico de opiniones y pareceres sobre la inmigración, el Islam en Occidente y fuera de él, los sentimientos de la gente de a pie, los terroristas y sus superiores, los conversos, etc., que encontramos todos los días en las calles. Cada encuentro y cada conversación ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre todos estos temas.

Son muchas preguntas las que van surgiendo: ¿Cuál es la situación de los inmigrantes? ¿Han conseguido integrarse? ¿Qué implica la integración? ¿Cómo actúa la sociedad de acogida? ¿A qué dificultades hacen frente aquellos que llamamos injustamente inmigrantes de segunda generación? ¿Se puede ser inmigrante de segunda generación? ¿Por qué, a pesar de ser belga, eres sospechoso porque tus padres no lo son? ¿Cómo se forjan algunas identidades? Son muchas las preguntas que afloran a medida que avanza la lectura.

Por todo ello, creo que Khalil es una lectura imprescindible o muy recomendable para quien esté interesado en saber por qué, qué soluciones puede haber,… Yasmina Khadra nos deja pistas muy buenas para repensar nuestra sociedad. Esa que ha dejado de ser homogénea para convertirse en un bonito mosaico compuesto por pareceres diversos, religiones diferentes y formas de vida distintas. Esa diversidad nos reta para que revisemos nuestros prejuicios, nos conozcamos unos y otros, y logremos alcanzar consensos para convivir en armonía resolviendo los conflictos de la mejor forma para todos.

Para darle una vuelta: