La lectura siempre es personal

No conozco a dos lectores que lean una novela y terminen por sacar exactamente las mismas conclusiones. Por eso es tan maravilloso leer y compartir esa lectura. Dependiendo de quiénes somos, de la personas que nos rodean, de nuestras vivencias, de nuestros intereses, las pistas de la lectura son absolutamente distintas. Ahí está la gracia.

Así que en este cuaderno de lectura, no voy a destripar mis lecturas como lo haría un crítico literario. Simplemente, quiero recoger las ideas que me han surgido durante la lectura sumándole otras informaciones como artículos, músicas o películas que pueda relacionar con ellas y con los temas que tocan.

Mi pretensión inicial es hacer una especia de cuaderno de recortes para recoger mi itinerario de aprendizaje a través de la lectura. Supongo que al final será una especia de cajón de sastre (o desastre, como el programa de la tele).

Así que, probablemente, aquí reinará el desorden y el caos; además de que estaré en permanente construcción. De hecho, esa es una de las características que más me gustan de tener un blog o un diario. Aunque puede que a otros le parezca un horror o vaya contra las corrientes actuales que recomiendan mantener el orden para tener paz mental.

Así conocí la Literatura Árabe

Una de las formas más habituales de invitar a la lectura es decir que la literatura es una manera de viajar sin salir del sofá ni abandonar el salón de tu casa. (La verdad es que barato sí que es y no tienes que preocuparte de qué meter en la maleta).

Desde mi punto de vista, ese tópico se ajusta bien a la realidad porque la literatura que se genera en una cultura está impregnada de la forma de vivir y ver el mundo de la sociedad que la alumbra. Por esta razón, la literatura siempre me ha parecido, después de viajar y convivir con la gente, la mejor forma de acercarse a otros imaginarios colectivos, leyes, organizaciones sociales, paisajes, vestimentas, gastronomías, etc.

Entré en contacto por primera vez con la literatura árabe en octubre de 1997 cuando empecé a cursar la carrera de filología árabe en la Universidad de Alicante. Ese año tuve la gran suerte de adentrarme en un mundo fascinante que, con el tiempo, se ha convertido en otro prisma desde el que mirar este mundo en el que vivimos. Aprender lengua árabe con 18 años fue toda una experiencia porque suponía incorporar una nueva alfabetización, con todo lo que ello conlleva.

Reconozco que comenzar la exploración de la literatura árabe a través de la teoría no es muy atractivo porque, a los que somos lectores, nos gusta perdernos entre las páginas de un libro o la escucha de un hermoso poema. Sin embargo, contar con todos los puntos de referencia se hace imprescindible para comprender las obras que leeremos en los sucesivo. Así que el primer libro que adquirí fue: “Manual de Literatura Árabe Clásica desde la época preislámica al Imperio Otomano” de María Jesús Rubiera Mata.

Así comenzó mi relación con el árabe y su mundo. Desde ese octubre de 1997 no he podido abandonarlo y he sufrido aquellas épocas en las que, por circunstancias de la vida, estuve lejos de él. Ahora que vuelvo a él es el mejor momento para repasar mi biblioteca y poner orden en ella.